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miércoles, 8 de mayo de 2013

Cómo me vas a explicar...

Cómo me vas a explicar...

¿Cómo me vas a explicar,
di, la dicha de esta tarde,
si no sabemos porqué
fue, ni cómo, ni de qué
ha sido,
si es pura dicha de nada?
En nuestros ojos visiones,
visiones y no miradas,
no percibían tamaños,
datos, colores, distancias.
De tan desprendidamente
como estaba yo y me estabas
mirando, más que mirando,
mis miradas te soñaban,
y me soñaban las tuyas.
Palabras sueltas, palabras,
deleite en incoherencias,
no eran ya signo de cosas,
eran voces puras, voces
de su servir olvidadas.
¡Cómo vagaron sin rumbo,
y sin torpeza las caricias!
Largos goces iniciados,
caricias no terminadas,
como si aun no se supiera
en qué lugar de los cuerpos
el acariciar se acaba,
y anduviéramos buscándolo,
en lento encanto, sin ansia.
Las manos, no era tocar
lo que hacían en nosotros,
era descubrir; los tactos
nuestros cuerpos inventaban,
allí en plena luz, tan claros
como en la plena tiniebla,
en donde sólo ellos pueden
ver los cuerpos,
con las ardorosas palmas.
Y de estas nadas se ha ido
fabricando, indestructible,
nuestra dicha, nuestro amor,
nuestra tarde.
Por eso no fue nada,
sé que esta noche reclinas
lo mismo que una mejilla
sobre este blancor de plumas
-almohada que ha sido alas-
tu ser, tu memoria, todo,
y que todo te descansa,
sobre una tarde de dos,
que no es nada, nada, nada.


Lo único que tengo claro es que estás aqui aunque no estés, y que solo nos separa el tiempo que no tenemos, y la distancia, la que nos rompe en dos. Sé que si no nos volvemos a ver el tiempo volverá a pararse, y tendré que ponerlo en marcha en tu reloj que adorna tu muñeca. ¿Y qué más da que no volvamos a vernos? Sería una buena pregunta si luego no pensase a todas horas en ti. Tus pensamientos son espirales que siempre acaban llegando a su fin para volver a empezar, empezar con tanta impetuz y ganas como el primer dia.
Pero... ¿Sábes que? Merece la pena todo si vuelvo a verte sonreir.
SoplodeCéfiro 

Ayer te besé en los labios...

Ayer te besé en los labios...
Ayer te besé en los labios.
Te besé en los labios. Densos,
rojos. Fue un beso tan corto,
que duró más que un relámpago,
que un milagro, más. El tiempo
después de dártelo
no lo quise para nada ya,
para nada
lo había querido antes.
Se empezó, se acabó en él.

Hoy estoy besando un beso;
estoy solo con mis labios.
Los pongo
no en tu boca, no, ya no...
-¿Adónde se me ha escapado?-.
Los pongo 
en el beso que te di
ayer, en las bocas juntas
del beso que se besaron.
Y dura este beso más
que el silencio, que la luz.
Porque ya no es una carne
ni una boca lo que beso,
que se escapa, que me huye.
No.
Te estoy besando más lejos. 


Vuelves a mi, y vuelve tu boca a juntarse con la mia. Todo sería perfecto si un gran vacio no ocupase todo mi ser, y es que desde que te fuiste empezó mi corazón a echarte de menos y a degradar lo que sentía. Todo sería perfecto si tu no solo me buscaras cuando me necesitas, cuando necesitas encontrarte con una persona que te llena, que te valora, que te hace sonreir... Sinceramente odio tener que decir esto, pero creo que aun sigo pensando en ese futuro que creamos en un mundo dónde las realidades nos separan. Al menos tu vuelves a mi, al menos dices que me echas de menos, al menos quieres volver a repetir ese beso que paró el tiempo. 
SoplodeCéfiro